IESUS DIXIT

Y así habló jesús mientras se dirigía a Jerusalén la dorada:
Desde tres millas de distancia, veo relucir el templo. El templo reluce como el oro. En verdad, el templo de jerusalen, parece el centro del mundo y en verdad os digo que el templo no es más que un mercado de falsos ídolos. Digo más, el templo es un sepulcro blanqueado. Es brillante por fuera, pero en su interior solo hay podredumbre.
En el templo moran los lujuriosas y soberbios sacerdotes que piden para ellos y no para los demás. En el templo ofrendan los pulcros fariseos animales y dinero para probar delante de las gentes su fe en el falso dios. En el templo, los escribas conocedores de la ley se presentan ojerosos y magullados como señal de que han ayunado, demostrando así su virtud. En el templo, las mujeres piadosas lucen sus mejores galas y sus mejores perfumes, mientras repartenlimosnas a lisiados y
ciegos que tienen tierras, rebaños y mujeres producto de la explotación de su enfermedad.
El templo está prostituido. Condenados en vida están los sacerdotes. Malditos por siempre los fariseos. Perdidos están los escribas. Condenadas estan las mujeres que pasan por piadosas cuando no son más que putas. Desgraciados en vida sean los hombres contrahechos que comercian como todos, con la fe. En verdad os digo que esta raza de vivoras no peca por corromper el templo que en el fondo no es mas que un edificio que yo mismo puedo derruir y edificar en tres dias.
En verdad os digo, que esta estirpe maldita peca cuando expulsa del templo con piedras a una prostituta pública, a una viuda arapienta, a un endemoniado solitario, a un desgraciado manchado con lepra o un mujer adultera en vez de acogerlos con amor.
Sólo pensar mal de estos pobres hombres, condena en vida. Amarás al progimo sea cual fuere su condición y sean cuales fueren sus pecados. Yo ya estoy condenadoy no me queda la menor duda de que pagaré con intereses los crímenes de los que soy culpable.

Otto Helmut: Evangelios