La organización sin organizador


La Liga Hanseática o Hansa es una criatura germánica que aprovecha directa e indirectamente la conversión del vikingo al civismo para crear una alianza de burgos159. Enrique el León -duque de Sajonia, Baviera y Prusia-, un gran guerrero insólitamente interesado por el desarrollo económico, envía en 1158 mensajeros a los reinos septentrionales de Escandinavia y Rusia “para que los mercaderes tuviesen libertad de viaje y acceso a su ciudad de Lübeck”160, y la oportunidad de su iniciativa hace el resto.
Antes de que termine el siglo caravanas acorazadas y cargueros marítimos o fluviales de la Liga abastecen a un territorio que llega por el oeste a Flandes e Inglaterra y por el este a Ucrania, multiplicando y refinando en esa vasta zona los bienes de consumo. El núcleo de su negocio es intercambiar madera, miel, cera, pieles y algunos minerales del nordeste por sal, telas y vino del suroeste, asegurando salazones de pescado tanto más imprescindibles cuanto que Europa ayuna todos los viernes, y bastantes días más al año. Ha nacido con vocación de respetabilidad, y sólo admite en sus despachos y factorías161 a “comerciantes casados con buena fama”.
Esta vocación sorprende menos que la impersonalidad de su funcionamiento, pues si excluimos a Enrique el León es imposible trazar su historia enumerando una serie de individuos relevantes. En la Liga Hanseática todo es espontáneo y descentralizado, empezando por existir sin estatutos ni rectores, merced sólo a periódicas reuniones (“dietas”). Una estructura horizontal le permite irse adaptando sin pausa a cada medio, interrumpe el hieratismo jerárquico y tiende una red con centros en cada nudo, imposible de decapitar. De ahí que pueda permitirse prescindir de todo placet señorial, mientras concita la gratitud popular frenando el bandidaje y la piratería, levantando mapas y cartas marinas, construyendo faros y formando pilotos. Centrarse en el comercio manda no tener ejército ni marina, aunque en caso de agresión sabe reclutar ambas cosas e imponerse a un reino de guerreros como Dinamarca (1370).